El año del turismo sostenible ha provocado un sinfín de reacciones, todas muy bien fundamentadas. El dinero que las administraciones no utilizan en mantener vivo el medio rural, lo canalizan «consultoras de turismo sostenible» que mantienen viva la polémica.

Me acerco al Parque Natural del Moncayo que tenía muy abandonado desde que decidí sumergirme en tierras riojanas, y nada más comenzar a andar encuentro un cartel que prohíbe circular en bicicleta por los senderos. Prohibido caminar fuera de los senderos señalizados, circular en bicicleta, llevar los perros sueltos… la masificación hace insostenible lo sostenible.

Turismo sostenible

Hablo con Juan, de Sivestres Ezcaray, para preguntarle por la visita del Grupo Ornitológico de La Rioja al Parque Natural de Bardenas Reales. Él me muestra su sorpresa por la cantidad de vehículos que encontraron por todos los sitios. Recuerdo que a principios de los noventa una bióloga bien intencionada nos informó de que había que restringir el paso de bicicletas por La Bardena: «las montanbike se lanzan por cualquier ladera arrasando las plantas más débiles, favoreciendo la erosión y molestando a la fauna». Seguro que tiene razón.

Incitado por Juan pregunto a algunos amigos de los pueblos bardeneros. Su contestación me preocupa: «podemos llevarlos a sitios a los que no va nadie; balsas naturales y artificiales a las que antes llevábamos el ganado o íbamos a jugar. Podemos llevarlos, pero no sabemos si se puede pasar». Las Bardenas ya no son de sus vecinos, sino de los turistas. Ya no podemos descender en bicicleta los barrancos pero vehículos todo terreno que parecen salidos de una peli de Mad Max surcan todas las pistas. En el Parque Natural y Reserva de la Biosfera de Bardenas Reales, los ejércitos europeos juegan a la guerra. De vez en cuando un turista resulta herido por fuego amigo pero, bomba más o bomba menos, Bardenas sigue siendo uno de los principales destinos navarros de «turismo sostenible».

Imagen: arainfo.org

El turismo despoja a lo locales de su territorio. Pastores y campesinas se tornan emprendedores,  precarizada mano de obra al servicio de Booking y Tripadvisor. Hace unos meses una urbanita de clase media se quejaba en Sajazarra (ahora el pueblo más bonito de España, hace dos meses un perfecto desconocido) porque un alojamiento rural le pedía 60€ noche por una habitación doble, desayuno incluido. Es un establecimiento muy bien valorado: instalaciones muy cuidadas, servicio inmejorable, ubicación excelente…  De los 60€ hay que descontar la inversión, más el 20% en concepto de publicidad (Booking u otros), la limpieza, el desayuno, el tiempo dedicado a recibir, informar… ¿A cuánto le sale la hora de trabajo a los propietarios? ¿Trabajaría nuestra urbanita por ese precio? ¿Son sus derechos laborales superiores a los de quienes viven en el medio rural?

Turismo sostenible

El turismo rural, como producto low cost, expulsa a los locales. El local no puede comprar una casa porque alguien de la ciudad la ha comprado para hacer un alojamiento rural; un alojamiento subvencionado por la Administración pero que misteriosamente nunca recibe clientes. Quien sí recibe clientes son esas otras casas que curiosamente no son alojamientos rurales legales, pero sus dueños saben publicarlas en las redes sociales. Gentrificación no en el centro de Barcelona, sino en la serranía riojana. La señora Remedios cierra su ultramarinos mientras abre sus puertas una gran superficie abierta de sol a sol, findes y puentes, aunque los miércoles no tenga ni un paquete de sal para los vecinos.

No; el turismo no es sostenible, pero el turismo sostenible es necesario. Son necesarios operadores turísticos que rompan con la estacionalidad. Es necesario mostrar a quienes nos visitan que el monte no se acaba en San Lorenzo, ni el vino en Haro. Juan Carlos Sancha, Bodegas Ojuel, Azafran de Aguas Mansas, Contrebia Leucade, la ermita de San Esteban o la Asociación de Amigos de San Román  (no me caben todas) no cotizan en las multinacionales turísticas, pero cotizan al alza en nuestra naturaleza y cultura.

Turismo sostenible

Hay que formar viajeras sostenibles que huyan en primer lugar de la masificación y en segundo del turismo low cost y de las multinacionales que lo promueven. Si viajas con Booking verás lo mismo en Borneo que en Salou: souvenirs y adolescentes de botellón. Ya sé que tus recursos son limitados; empieza por no ir tan lejos y si lo haces, hazlo en transporte público, en bicicleta o caminando. Tómate tu tiempo, viajar no es coleccionar postales, sino  sumergirse en la cultural local y eso lleva su tiempo. Sal de tu zona de confort, de la gigantesca galería comercial donde reina Macdonald´s y respeta el trabajo de quienes te acogen en su casa.

Cuando era un chaval iba al Moncayo en un tren de vía estrecha y corría los caminos sin más autoridad a respetar que hortelanas y pastores. Hoy puedo comprar un helado de Netsle en la Plaza Roja de Moscú,  pero no puedo comer una fresa silvestre en el Moncayo.

Quiero mi bici, quiero caminar.