Sencillo recorrido por pueblos abandonados del río Linares que pone de relieve el delicado equilibrio (paisaje humanizado) que la Reserva de la Biosfera riojana trata de preservar. Una de las rutas más sorprendentes de La Rioja

Nuestra propuesta es corta y lineal aunque puede completarse llegando hasta San Pedro Manrique siguiendo las indicaciones del PR SO-107 y el GR 86. Su única dificultad consiste en tener que atravesar el río, rara vez caudaloso, pero sin ningún equipamiento.

Discurre por caminos tradicionales utilizados en las labores típicas de la economía de supervivencia y  un primitivo comercio. Aunque parte del término municipal de Cornago (La Rioja) pronto se adentra por tierras sorianas, respetando la unidad geográfica y cultural del territorio.

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Datos técnicos

  • Lineal
  • 13,6  Km. (ida y vuelta).
  • Desnivel acumulado: + 440 m; – 443 m.
  • Señalización: Insuficiente.
  • Dificultad: Moderada
  • Salida / fin: Valdeperillo
  • Temporada: Todo el año, pero con tramos muy expuestos.

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Ruta linares senderista

Hitos:

  • 0 Km. Valdeperillo  (692 m.)
  • 1,5 Km. Cruzar Río Linares (710 m.)
  • 1,93 Km. Peña El Baúl (730 m.)
  • 3,84 Km. Villarijo (781 m.)
  • 6,59 Km. Peñazcuma (889 m.)
  • 13,6 Km. Fin  (692 m.)

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Descripción del recorrido

Llegados a Cornago por LR-283 la abandonamos para coger la LR-489 que termina en Valdeperillo. Junto a la parada del autobús acaba la carretera y seguimos una calle buscando un sitio donde aparcar que encontramos junto a las eras. Nos calzamos las botas y comenzamos a caminar. Avanzamos por una zona de huertas y pronto entramos en una chopera. Poco después nos topamos con el antiguo molino de Villarijo. Seguimos adelante hasta que el camino nos indique el tramo por donde cruzar el Linares (en la otra orilla el camino se ve con claridad). Si baja demasiada agua, recomendamos descalzarse, siempre es mejor mojarse los pies, que resbalar y caerse al río.

En la otra orilla el camino discurre sin dificultad, siempre cerca del río, aunque algo elevado. Poco después de Peña El Baúl (divide La Rioja y Soria) una pista sale a la derecha, pero no la cogemos, seguimos por el camino más angosto.

Después de un kilómetro una Yasa (arrollo) parte el camino, si ascendemos hacia la derecha llegaremos al antiguo trujal del Villarijo (único en la provincia de Soria) y a un surgimiento de agua sulfurosa, que también podemos visitar de regreso. Poco más adelante entramos en Villarijo y nos sorprende su frontón. Un paseo por el pueblo, observando las casas, la iglesia y el empedrado. Junto a la iglesia una fuente, por si necesitas repostar.

Salimos del pueblo y de forma natural entramos en una pista que continua en la dirección del Linares. Este tramo es ya parte del PR SO-107 y encontraremos un cartel que explica el recorrido. Sólo debemos seguir sus marcas blancas y amarillas, como corresponde a un sendero de pequeño recorrido. De todas formas no hay pérdida posible si seguimos el cauce con la impresionante Peña del Espejo al fondo. Frente a ella, Peñazcuma. La maleza dificulta el acceso y las marcas del PR nos llevan hasta la parte alta del pueblo, de todas formas, con cuidado, es posible acceder a sus calles.

Luego ya sólo resta regresar por el mismo camino hasta el punto donde cruzamos el Linares. Aquí, sin cruzarlo otra vez seguimos por la margen izquierda, entre senderos poco marcados y dejándonos llevar por el track, hasta que desembocamos en la GR 93 (marcas blancas y rojas) que nos permite cruzar el Linares sin mojarnos los pies.

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Valoración

Por sus valores naturales y culturales, la ruta es de un interés excepcional. Para poder disfrutarla como se merece, sería necesario trazar un recorrido circular y equiparla adecuadamente.

No obstante os animamos a visitarla para observar como la acción humana puede dar forma al paisaje, sin agredirlo ni transformarlo irremediablemente. Sin demasiado esfuerzo físico accedemos a recónditos rincones en los que hace apenas un siglo se vivía en pleno contacto con la naturaleza.

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Entorno natural

En los valles del Alhama y del Cidacos los paisajes no son amables ni  complacientes. Áridos, expuestos a la climatología y deforestados, a menudo se confunden con desiertos. Esta ruta demuestra que han sido habitados con fortuna.

Su clima mediterráneo hace de la cuenca del Linares una rareza dentro de la geografía Soriana, no tanto en la riojana. Estepas, encinas y carrascas, circundan terrazas de frutales abandonados. Olivares en sitios imposibles y tapizados de plantas aromáticas. En la vega huertas y choperas, cerezos garrafales de fruto ácido y jugoso; buitreras en los riscos. Jabalíes, zorros y conejos; corzos donde antes hubo ciervos. Una tierra áspera y feraz, que se torna acogedora a orillas del Linares. Silencio y cielos limpios, casi vírgenes. Agua clara como pocas. Paisaje de montaña mediterránea, durante siglos labrado por el ser humano y la naturaleza.

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Villarijo y Peñazcuma

Pese a su abandono, los pueblos conservan un alto interés cultural. Erguidos con materiales autóctonos y trazando sinuosas callejuelas, se adaptan perfectamente al territorio, salvando desniveles y protegiendo de las inclemencias del tiempo. Construcciones pobres pero eficaces, que resisten bien el paso del tiempo. Destacar el empedrado de sus calles y veredas y las curiosas chimeneas de mortero y teja.

Las iglesias amenazan ruina y no hay lugar para edificios nobles. La superficie dedicada a los corrales, duplica a la utilizada como viviendas. Estos corrales utilizados en la trashumancia, parecen estar en el origen de los pueblos.

Villarijo es el mayor de ellos. Me comentan que llego a rondar las 300 almas en la primera mitad del S XX, los demás, a duras penas superaron el centenar. Destaca en Villarijo su trujal, único en la provincia de Soria, los surgimientos de aguas termales que le dieron fama, y la “torre del reloj” (hoy desaparecido), donación de su ilustre vecino el pedagogo D. Ezequiel Solana Ramírez.

Fueron pueblos alegres, donde el trabajo daba sus frutos. Isabel Goig, siguiendo documentos del S. XVIII nos informa de que en estos terreno y gracias a su microclima se “producía, además de los cereales y la berza, habas, alubias, aceite, cerezas, peras, manzanas y nueces”. Sólo en Villarijo había “1462 olivos…16 colmenas, 5 mulas, 16 pollinos, 26 lechones, 654 cabezas de ovino y 280 de caprino (…)”. Tenían, taberna, médico, cirujano, molinero y herrero. “Completaba la población 28 labradores –simultaneando con la ganadería-, 2 tejedores de sayales y 1 pobre de solemnidad.”

De Peñazcurna recoge que “está Poblada de frutales, cerezas, guindos, melocotoneros, camuesas, pomas, ciruelas, que son muy regalados, especialmente las guindas y cerezas garrafales (…) Hay también muchos olivos, siendo el aceite muy delgado y sabroso (…).

Toda esta riqueza, no fue suficiente para frenar la despoblación que asoló la comarca en la larga posguerra española, quedando Villarijo desierto en 1.972. A principios de los 80 unas maniobras militares con fuego real, completaron el trabajo de demolición, llegando las balas hasta la mismísima pila bautismal.

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Recomendaciones

  • Frecuentes plagas de garrapatas. En época de calor, cubre bien el cuerpo y utiliza repelentes de insectos (a ser posibles naturales). En caso de picadura: ver video.
  • Toda la Reserva de la Biosfera es un territorio de delicado equilibrio, deberemos extremar las precauciones para minimizar el impacto de nuestra visita.
  • Territorio muy expuesto, sobre todo en verano. Protegerse y evitar las horas más calurosas.
  • Para comer en Cornago: Restaurante La Reyes es una buena opción. A nosotros además, nos informaron como conseguir una excelente miel de la comarca.