¿Por qué caminar? Quienes abrieron los caminos que ahora disfrutamos reúnen sus voces en tres ensayos, para enseñarnos que el caminar transforma; quizás no el mundo, pero sí nuestras vidas. El caminar como filosofía, acción social o expresión artística. Tres respuestas diferentes a una pregunta en apariencia sencilla. Todas son necesarias, todas nos ayudan a caminar.

Andar, una filosofía

Andar no es un deporte. Con esta rotunda frase el filósofo francés Frédéric Gros comienza un ensayo en el que reivindica la lentitud (slow), la soledad y el silencio. “Al caminar nada se desplaza verdaderamente: la presencia se instala lentamente en el cuerpo. Al caminar, no es tanto que  nos acerquemos, sino que las cosas que están allá miden cada vez más nuestro cuerpo. El paisaje es un paquete de sabores, colores y olores de los que el cuerpo se impregna.”

“Caminando no se hace nada más que caminar. Pero no tener nada que hacer más que caminar permite recuperar el puro sentimiento de ser, redescubrir la simple alegría de existir, la que constituye la esencia de la infancia.”

Nietzsche, Rimbaud, Rousseau, Thoreau, Nerval, Kant y Gandhi, entre otros nos sirven de guías en este magnifico ensayo. Como os habréis dado cuenta no abundan las mujeres. Imperdonable error para una lectura que os hará disfrutar.

Wanderlust, una historia del caminar

“Caminar no solo ha proporcionado a escritores, artistas, teóricos políticos y otros encuentros y experiencias que les sirvieron de inspiración para crear sino también el espacio donde imaginarlas, y tanto es así que resulta imposible saber qué habría sido de muchas de las grandes mente masculinas si hubiesen sido incapaces de moverse a voluntad por el mundo. Imagínense a Aristóteles confinado en los muros de su casa o a Muir con falda.”

Rebecca Solnit aborda el caminar desde una perspectiva histórica y política (sin “olvidarse” del género) de indudable interés. Centrándose en temas como la evolución anatómica, el diseño de las ciudades o los clubs de senderismo, argumenta que “las diferentes variantes del desplazamiento pedestre –incluido caminar por placer –suponen una acción política, estética y de gran significación social.” Además de los guías habituales, encontramos a autoras como V. Woolf, J. Austin o E. Goldman.

El Dilema de Proust o el paseo de los sabios

Como su título indica este ensayo se centra en el paseo, es decir, un caminar que tiene ver con la ciudad y lo lúdico. Se aborda también desde una perspectiva histórica pero es sobre todo en su vertiente literaria y artística donde el pamplonés Javier Mina, acierta plenamente. Como nos recuerda “Los dadaistas hicieron del paseo una performance, antes incluso de que se inventara la palabra, con lo que lo entronizaron en la historia del arte. Los surrealistas quisieron hacer no se sabe si arte o literatura con el paseo, pero no lograron ir más allá de Dadá. El cambio cualitativo se produjo con los situacionistas, pero no porque consideren el paseo con un artefacto estético, sino por que lo declararon un arma política.” Por este camino nos llevará hasta el arte conceptual de Fluxus y sus Flux-Tours, dando por terminado su paseo en este controvertido final del siglo XX.

Una de las numerosas (¿excesivas?) citas de este ensayo nos sirve para concluir este artículo, dando respuesta a la pregunta inicial. Es de Hamish Fulton:

“¿Por qué caminar? Caminar es la respuesta. Para mí, que caminar no es una teoría, caminar no es un material artístico; la caminata es una experiencia, es una forma artística de pleno derecho. Tras varios días caminando tengo la impresión de que puedo pensar con mayor claridad, surgen preguntas y lucho mentalmente para contestarlas.”