Recorrido por los barrancos de Horcajuelo y Morana, en la vertiente noreste del Moncayo, cuya unión da lugar al nacimiento del río Huecha, afluente del Ebro.

Precaución y consejo:

El barranco Morana, se encuentra en estado salvaje. Zarzas y matorrales dificultan el paso, aumentan el tiempo de marcha y ocultan el sendero. Una prudente medida adoptada por muchos/as senderistas, es comenzar la ruta por este barranco, para que si nos sorprende la tarde, lo haga en el tramo más sencillo.

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Datos técnicos:

  • Circular con tramo inicial/final lineal.
  • 14,1 Km.
  • Desnivel acumulado: +793 m
  • Señalización: Incompleta.
  • Dificultad: Alta (barranco Morana)
  • Salida / fin: Añón del Moncayo
  • Temporada: Otoño. El deshielo o el calor pueden dificultar considerablemente la ruta.
  • Descarga GPX.

Puntos de interés:

Hitos:

  • 0 Km. Aparcamiento (673 m.)
  • 1,8 Km. Cruce de los barrancos (984 m.)
  • 5,4 Km. Prados del Horcajuelo (1.409 m.)
  • 6 Km. Corrales de abajo (1.435 m.)
  • 6,9 Km. Corrales de arriba (1.547 m.)
  • 7,7 Km. Barranco de Morana (1.522 m.)
  • 11,5 Km. Acequia del carrascal (1.042 m.)

Descripción del recorrido

Nos acercamos hasta el pueblo de Añón y por una ancha pista nos dirigimos hacia la central eléctrica de Morana. Encontramos un pequeño aparcamiento junto a lo que fue el Centro de Recuperación de la Cabra Moncaina.

El sendero comienza siguiendo las señales de un sendero local, por el que ascendemos sin ninguna dificultad, junto al cauce del río. En el PK 1,8 encontramos el cruce de ambos barrancos, a los pies de la Muela del Horcajuelo. Giramos a la izquierda para rodear la Muela y continuamos la ascensión junto al cauce y siguiendo la señalización. Merece la pena detenerse a observar las caprichosas formaciones rocosas. Tras salir del barranco alcanzamos los prados de Horcajuelo desde donde divisaremos los “Corrales de Abajo”, el Cerro Morrón y el Pico Lobera, que precede a la verdadera cumbre del Moncayo. Continuamos por prado abierto hasta la cumbre de la etapa, poco después de los llamados “Corrales de Arriba”, hoy derruidos, pero que nos recuerdan las duras formas de vida asociadas al pastoreo de montaña.

Al comenzar el descenso con el alto de Los Almudejos a nuestra izquierda, penetramos en un valle abierto, soleado y rodeado de bosques. Abandonando la senda alcanzamos el cauce del barranco Morana, un buen momento para almorzar.

A partir de aquí basta con seguir el cauce, pero la naturaleza parece defenderse de los visitantes. Zarzas y matorrales, árboles caídos, continuos saltos de orilla y frondosos bosques. Es la naturaleza en plena expansión, un espectáculo fantástico pero incómodo para caminar. Los hitos nos ayudan tanto o más que el GPS.

Llegados al cruce de los barrancos, el sendero de regreso es ya conocido.

 

Recomendaciones:

  • Hay que insistir en la dificultad que encierra el barranco Morana. Si tienes dudas del tiempo o tus condiciones físicas, es prudente realizar la ruta al revés o incluso no realizarla. Desde luego nada de niños/as.
  • Evitar épocas de deshielo, con frecuentes avenidas de agua.
  • Ropa de protección para los arañazos.
  • Botas impermeables y que protejan los tobillos.
  • GPS. Saldremos del track, pero mantendremos la orientación.

 

Naturaleza

El recorrido discurre por el Parque Natural del Moncayo, cima del Sistema Ibérico y enclave de alto valor natural e histórico. Lo más conocido de este paraje son los pequeños y numerosos saltos de agua escondidos en la frondosidad de Morana.

Todo el recorrido está tapizado de diversas especies espinosas: juníperos, retamas, piornos, zarzamoras. Llama la atención la abundancia de acebos de todo porte y tamaño, pero también abedules, álamos, tilos, fresnos y sauces.

Abundan pequeñas aves: el cuco, pinzón y herrerillo, junto a rapaces como el buitre leonado o el cárabo. Reptiles como la culebra bastarda o el lagarto ocelado. En los ríos pueden observarse también algunas truchas.

 

Historia y leyendas:

  • Morana, en la mitología eslava es la diosa de la naturaleza y la muerte, hija del sol y hermana y esposa de Yarilo, dios de la fertiidad y la vegetación.
  • Huechadas y Elmas. Toda la historia de la comarca está relacionada con las abundantes y limpias aguas de estos barrancos. Huechadas (güechadas)  es como llaman los lugareños a las antaño frecuentes avenidas de agua del Huecha; existe también una popular marcha senderista con este nombre. Elmas son llamados los tradicionales derechos de riego del mismo río.
  • Cabra moncaina. Hasta mediados del siglo XX este tipo de cabra, cuyo malogrado Centro de Recuperación se encuentra en el inicio del recorrido, constituyó una fuente económica para los hogares de la comarca. Se trata de una especie autóctona del Sistema Ibérico muy apreciada por su producción de leche, hoy en peligro de extinción y que se conserva si mestizaje. Su piel era utilizada para la producción de cuero y alfombras.