En épocas pasadas hubo en La Rioja una proliferación de eremitas cuya presencia se extiende hasta nuestros días. Las fuentes citan hasta 39 cuevas (o conjuntos de cuevas) como posible origen de 78 iglesias y monasterios. Los eremitas no son un elemento exclusivo de La Rioja, ni del cristianismo siquiera, aunque sorprende aquí su cantidad y regular distribución por todo el territorio. Las condiciones naturales, clima benigno y abundante roca arenisca, favorecieron sin duda su expansión.

Adorados en ocasiones y perseguidos en otras, los eremitas representan siempre la búsqueda de una vida, por sencilla, más auténtica. Elegían para su retiro enclaves de difícil acceso y singular belleza, donde el contacto con la naturaleza facilitara la ascesis que buscaban.

Uno de los primeros conocidos es San Felices que moraba en las peñas de Bilibio, muy próximas a Haro. De aquí partió San Millán, discípulo suyo, para instalarse en una nueva gruta que con el tiempo daría lugar al monasterio que lleva su nombre y en el que pueden observarse algunas de las cuevas que habitaron los primeros monjes. También derivan de eremitas los monasterios de Santa María la Real (Najera), Valvanera (Anguiano) y los hoy desaparecidos de San Martín (Albelda) y San Miguel (Arnedo).

Estas formas de vida son una constante en la cultura popular riojana. La leyenda sitúa a San Atanasio, obispo de Alejandría (295-373), viviendo su exilio entre los anacoretas de Valvanera. En una cueva moró así mismo Nuño Oñez, a quien se atribuye la fundación de este monasterio. A la Cueva del Santo peregrinan todo los años los varones de San Millán, rogando por la salud de sus mujeres.

Algunos de estos asentamientos riojanos son un auténtico desafío para los investigadores. En Santa Eulalia Somera, dos cuevas unidas por un hueco, tienen sus paredes interiores cubiertas de nichos de forma regular, cuya función unos atribuyen a osarios para los eremitas y otros a simples palomares. En el cerro de San Miguel (Arnedo), la “Capadocia de La Rioja”, se encuentran la conocida como “Cuevas de los cien Pilares”, cuyo nombre habla claramente de su magnitud. Según Fray Mateo de Anguiano estas cuevas fueron mansiones de antiguos «unachoretas, eremitas y monges, que se retiraron a ellas, y las formaron, y las poblaron» en los primeros siglos del cristianismo.

La última comunidad eremita de la comarca se encuentra en Herrera, muy cerca de Haro pero ya parte de la provincia de Burgos. Considerada la comunidad religiosa más dura del país, la Comunidad Camaldulense del Yermo de Monte Corona, inicia su actividad cada día a las 3.20 horas en el más absoluto silencio. Su jornada se compone de oración, trabajo, estudio y una frugal alimentación. Comen lo que producen con sus manos y lo hacen en la soledad de sus doce celdas que, según aseguran, se han vuelto insuficientes ante el actual aumento de vocaciones.